Sociedad | Se cumplen 50 años del golpe del 24 de marzo de 1976, el comienzo de la etapa más dolorosa de la historia reciente del país, cuando una dictadura atroz vulneró derechos humanos y sembró terror.
Hoy, 24 de marzo, se cumplen 50 años del inicio de una de las etapas más dolorosas de la historia argentina, marcada por el golpe de Estado de 1976 que dio paso a la última dictadura cívico-militar.
En la madrugada de aquel día, las Fuerzas Armadas derrocaron al gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón e instauraron un régimen de facto que se extendió hasta 1983.
Poco después de las 3 de la mañana, el entonces teniente general Jorge Rafael Videla, acompañado por Emilio Eduardo Massera y Orlando Ramón Agosti, anunció por cadena nacional las primeras medidas del nuevo gobierno, entre ellas la disolución de las autoridades democráticas.
El autodenominado Proceso de Reorganización Nacional se presentó como un plan de “orden y reorganización”, pero en la práctica derivó en un sistema de terrorismo de Estado que dejó un saldo de miles de personas desaparecidas, además de miles de casos de secuestros, torturas, apropiación de niños y exilios forzados.
Durante esos años, la represión ilegal se desplegó a través de centros clandestinos de detención en todo el país, en un esquema coordinado a nivel regional mediante el Plan Cóndor, que involucró a otras dictaduras del Cono Sur como las de Chile, Uruguay, Paraguay y Brasil.
Una fecha para la reflexión colectiva
Desde el retorno de la democracia, cada 24 de marzo se conmemora en Argentina el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, una jornada destinada a mantener viva la memoria sobre lo ocurrido.
La fecha no solo invita a recordar a las víctimas, sino también a reflexionar sobre las consecuencias de aquel período, con el objetivo de fortalecer el compromiso social con la democracia, los derechos humanos y la búsqueda de justicia.
Memoria activa en Basavilbaso
En Basavilbaso, la memoria de las víctimas también tiene un espacio concreto. Allí, el monumento “Bloque de Ausencia”, ubicado en la Plazoleta de la Memoria, se erige como símbolo del recuerdo y la reflexión.
La obra fue realizada por el artista plástico Claudio Barragán en homenaje a tres jóvenes de la ciudad: Saúl “Luly” Kobrinsky, Zulema Bendersky y Mario “Tuti” Yacub, quienes fueron víctimas de la dictadura.
El emplazamiento del monumento, frente a la Escuela Nº 9 “Matías Zapiola”, donde los tres cursaron sus estudios primarios, refuerza su carga simbólica.
Durante su construcción, en 2009, vecinos acompañaron el proceso, mientras el propio Barragán explicaba que la obra busca representar “el vacío que deja la gente que ya no está”.
El monumento fue inaugurado el 24 de marzo de ese año, con la participación de la comunidad y de familiares, entre ellos Néstor Yacub, hermano de una de las víctimas.
Desde el 2025 con una placa se recuerda a otros tres basavilbasenses desaparecidos entre 1976 y 1978: Juan Jose Antúnez Ruiz; Benjamín Ernesto Glas Rabinovich; Ana María Quinteros de Lescano.
Un compromiso que continúa
A medio siglo del golpe, el recuerdo de lo ocurrido sigue vigente en la sociedad argentina.
La memoria no se limita a evocar el pasado, sino que se proyecta como una herramienta fundamental para evitar que hechos similares vuelvan a repetirse.
En ese sentido, el reclamo de memoria, verdad y justicia continúa siendo una construcción colectiva que atraviesa generaciones y reafirma el valor de la democracia como pilar fundamental de la vida institucional del país.